"La magia del intérprete que vive en este estado de concentración en el que no importa nada más que el mundo que recrea cada pieza. La emoción de un coreógrafo al exponer su alma creativa ante el ojo crítico del público. Ojos que observan y de cuya energía y sensibilidad, asimismo, él se alimenta."
Keith Morino, coreògraf i ballarí. Pitoura i Mantis? Ateneu Nou Barris, 2001. Barcelona